Visitando mis obras en Valladolid

Este año 2019 se cumplieron veinte años de la inauguración de mi primera escultura pública, fue en Valladolid después de una exitosa exposición individual en el Palacio de Pimentel, la cuarta más visitada ese año en la ciudad. Un sábado fui con unos amigos a ver la exposición, pasando el día de excursión para terminar comiendo por la zona, mi sorpresa fue que había unas treinta personas haciendo cola esperando a que se abriera la sala… No dije nada, nos pusimos también a esperar y observaba nerviosa como disfrutaban de mis trabajos.

Dos semanas después de que terminara la exposición recibí una llamada del Ayuntamiento de Valladolid para encargarme una escultura que hiciera homenaje a la mujer contemporánea, y así consta en la placa. La pieza elegida fue «Danzando para la luna». Que la primera obra que se coloca en una vía pública tenga mi sello personal la convierte en una obra realmente especial para mí, precisamente por ser un homenaje a la mujer, con una mujer como figura protagonista y siendo yo la escultora. ¡Hace veinte años!

«Danzando para la luna», 1999. Bronce. Avenida de Segovia. Valladolid

El día que se inauguró llovió copiosamente, repartían paraguas a los asistentes, los bailes regionales que se organizaron resultaron vistosos a pesar del agua que caía y yo, que he bailado jotas cuando era adolescente, podía imaginarme lo que tenían que pesar aquellas faldas y refajos empapados. Siempre agradeceré las sonrisas y el cariño de las autoridades y vecinos que asistieron a la inauguración aquel lluvioso día.

Valladolid a través de mis esculturas

Cuando visitamos cualquier ciudad, las esculturas que nos encontramos nos despiertan curiosidad y nos brindan una pausa para conectar con su historia o su sensibilidad. A veces descubrimos artistas nuevos y otras nos deleitan los clásicos, pero siempre es un valor añadido de la ciudad que las comparte con vecinos y visitantes. Arte al alcance de todos. Arte para vivirlo en toda su dimensión.Iré compartiendo aquellas esculturas que he realizado en estos años, empezando con este vídeo de mis obras en Valladolid. Sea una obra de encargo o de mi estilo personal, siempre es un nuevo reto ilusionante que afronto con gran responsabilidad. ¡Gracias!ooo Más información ooo📍 Localización: Valladolid, España👩‍🎨 Esculturas al aire libre en la ciudad de Valladolidooo Otros datos ooo🔎 #escultura #pintura #dibujo #bronce #motivación #vida #clubmecenas #creatividad #arteparavivir #emprendimiento #arte #valladolid #airelibre #exposición #anahernando

Publicada por Ana Hernando. Arte para vivir. en Domingo, 6 de octubre de 2019
Visitando mis obras en Valladolid. Octubre 2019.

Después vinieron dos encargos más, cada uno con sus propias anécdotas, que ahora os cuento. Como en esa época no había redes sociales, ni cámaras digitales, ni páginas web … etc., me he dado un paseo para poder compartir estas obras tan relevantes en la ciudad.

En el año 2000 me encargaron un relieve del poeta de la ciudad, Nicomedes Sanz y Ruiz de la Peña. Mi experiencia como medallista me permitió realizarlo con tan solo 5 cm de grueso. Para este trabajo necesitaba fotografías del poeta, visité su casa y recopilé información a cerca de su carácter castellano para poder reflejarlo en el retrato. En esta ocasión la anécdota fue conseguir fotos de su edad madura sin ser anciano y no hubo manera de encontrar ninguna, así que tuve que imaginar cómo podría ser con unos setenta años a partir de sus fotos de la mili con veinte y de las últimas con noventa. Nadie vino a supervisar el relieve, así que lo montamos en la fachada de su casa y a las dos horas se inauguró descubriéndolo detrás de una cortina, como tiene que ser. Cuando me dieron la tarjeta que me invitaba al recital poético que tendría lugar después mi sorpresa fue mayúscula… ¡Ahí estaba la foto que necesitaba! La última que se hizo para el DNI. A pesar de no haberla visto nunca, el relieve reflejaba su mirada, su personalidad y sus manos, me confesó su viuda. Aún me impresiona el carácter que mantiene su expresión.

Relieve de Nicomedes Sanz y Ruiz de la Peña. Calle López Gómez. Valladolid.

En 2002 recibí un encargo realmente importante por todo lo que de responsabilidad entrañaba: un homenaje al Guardia Urbano. Confiar en mi manera de trabajar, buscando la síntesis, sin concretar un retrato, apostando por una pose dinámica y cotidiana que cuida al peatón y coordina a los vehículos, era un verdadero reto. Son muchos los policías municipales que se ven homenajeados en esta figura de corte histórico, con su indumentaria característica que hemos visto en el cine de la época, y yo quería que realmente fuera un homenaje contemporáneo, huyendo del maniquí con pose perfecta y expresión solemne. Quería representar la cercanía y el servicio que siempre lleva implícito ser guardia urbano.

«Guardia urbano». 2002. Bronce.
Peana de mármol y acero inoxidable diseñada por Benito Mauleón.
Cruce de María de Molina con Doctrinos. Valladolid.

Aquel día la inauguración fue espectacular, asistieron una pareja de la policía de cada provincia de Castilla y León vestidos de gala, con sus uniformes, cascos con plumas, espadas… Solemnidad y emoción junto al alcalde y al superintendente de Valladolid. Y allí estaba yo, con mi traje de chaqueta gris, formal y acorde al acontecimiento que estaba a punto de desvelar mi obra ante un montón de público. Cayó la tela negra que la cubría y sonaron los aplausos, los apretones de manos, las felicitaciones, las sonrisas, los momentos relajados de disfrutar de la fiesta, las charlas…

Lo que no podía imaginar es que unas semanas después recibiría la noticia de que me nombrarían “Guardia Urbano de Honor” por reflejar su esencia en esta escultura. Conservo un entrañable recuerdo de aquel acto, en el que fui la encargada de dirigir unas palabras en nombre de los destacados con esta distinción. Una anécdota realmente especial para mí en mi trayectoria profesional.

Hubo en Valladolid un guardia urbano al que llamaban «El Eléctrico» por la manera tan personal que tenía de dirigir el tráfico, con movimientos rápidos y rítmicos que le dieron ese apodo cariñoso. En cierto modo, los que le conocieron le vieron reflejado en mi obra y así lo recogió la prensa. Yo quise, humildemente, recordar a aquel policía que me acompañó de niña a buscar a mis padres cuando me despisté en el parque que había frente al Congreso de los Diputados en Madrid, era domingo y salimos a dar un paseo en el día en que mis padres tenían libre como porteros en un edificio de la Calle Zorrilla, yo tendría seis años y me dirigí con seguridad hacia a aquel policía… como me han enseñaron en casa.

Valladolid recoge los tres tipos de obra pública que he ido realizando a lo largo de estos años: la escultura con mi estilo personal, la escultura de encargo representativa y el relieve. Mi trabajo como escultora para llenar de vida esos rincones de la ciudad, el arte como acompañante del día a día de vecinos y visitantes que descubren estas obras a lo largo de las estaciones. Obras que van adquiriendo una pátina propia y que son testigos mudos de juegos, citas, soledades y encuentros.

Realmente, volver a verlas es siempre emocionante para mí.

Os invito a compartir conmigo vuestra foto junto a ellas, si algún día tenéis ocasión y os apetece, a través de mis cuentas en Facebook e Instagram @anahernandoarte. No olvidéis mencionarme para poder incluirlas en mi perfil junto a las de aquellos que también de apunten a esta idea. Será estupendo imaginar que ellas también sonríen, ¿no creéis?

Un saludo.

Ana Hernando

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