El sentido del ARTE.

En este mundo lleno de superficialidad, ¿dónde está el sentido del arte? Una gran pregunta, eterna, que siempre se plantea al ver que (aparentemente) todo vale. El sentido del arte para mí es siempre el mismo: poder comunicar y hacer sentir al espectador conectando con su ser más profundo. EMOCIONAR. Pero, ¿Cómo llegar al público? ¿Cómo hacer ver que tener una obra de arte es algo más que una pieza para decorar?

La música, el cine, el teatro, la danza… son artes escénicas que nos rodean, acaparan varios de nuestros sentidos para deslumbrarnos y nos hacen sentir emociones de un modo más a flor de piel.

La literatura y la poesía nos transportan con sus palabras a otros mundos, a otros personajes, nos engullen entre sus páginas. Las llevamos con nosotros para acompañarnos en viajes o momentos de espera;  en casa, sentados en nuestro rincón favorito, vivimos una y otra vez otras vidas imaginando personajes y paisajes.

¿Qué ocurre con la pintura, la escultura, el grabado, la fotografía… etc? Creo que cuando la emoción se plasma en un solo objeto la cosa cambia. En las artes plásticas la emoción no solo nos envuelve, sino que al estar frente a la obra esa emoción nos llega a lo más profundo, nos implica directamente desde el silencio, nos hace reflexionar, nos satisface o incomoda. Y en estos tiempos sin tiempo, ni ganas de pensar, el observador no siempre da la oportunidad a la obra del artista. Nunca una fotografía de la obra va a transmitir la fuerza de una escultura de tres dimensiones, ni los trazos del pincel. El cambio de percepción al modificar su formato original, (por ejemplo, «El Guernica» de Picasso no dice lo mismo en un buen catálogo que visto al natural), convierte a la obra reproducida en una extraña con un gran parecido a la original. Y por mucho que el artista quiera describir su obra en una entrevista, nada será como contemplarla directamente, en silencio.

Llevo haciendo exposiciones desde 1988 y también he tenido la oportunidad de realizar obras de gran formato, tanto de encargo como de mi estilo personal, que pueden verse en calles y rotondas. He tenido tiempo para vivir en primera persona lo duro que es mantenerse ahí, trabajando, creando, viviendo y expresando a través de mis obras aquello que me emociona de algún modo. En la exposición que realicé en 1998 en el Centro Cultural «La Asunción» de Albacete, («EN MOVIMIENTO: Realidades y Sueños del Hombre»), reflejé a través de veinte piezas diferentes emociones con el nexo común del movimiento. Plasmar el movimiento en mis esculturas es algo que me fascina y está presente en casi todas ellas. Con este proyecto conseguí una subvención del Ministerio de Cultura, fue un gran paso para consolidar mi vocación. VER VÍDEO.

Dedicarse al ARTE en mi caso no es un capricho sino una necesidad. A pesar de las dificultades de los trabajos creativos, de llegar al público y conectar con él, de tener que poner dinero para seguir adelante… No puedo evitarlo, necesito expresar un montón de sensaciones, y recibir las emociones de quien las descubre es lo que realmente me impulsa a seguir. La obra de arte es en principio para el artista, quien la da forma y sentido, pero lo que la convierte en una obra de arte verdadera es cuando comunica y se convierte en una pieza independiente. Es como un hijo, lleva el sello de sus padres pero es un ser único. Crear obras con el lenguaje propio del artista pero con su propia identidad, eso es lo interesante.

 

Lo más sencillo y directo para mí es exponer en espacios públicos y atender personalmente la exposición siempre que me sea posible. Contactar directamente con el público. Aunque me muevo alejada de los círculos convencionales de galerías y circuitos expositivos, es una elección que me deja libre ante el espectador. Recibir en mi propio estudio, charlar sobre el arte, sentir las inquietudes y sorpresas del otro es algo reconfortante. Dedicar tiempo a disfrutar de mi estudio, un espacio único, lleno de creatividad es siempre estimulante. Esta libertad de movimientos implica una mayor dedicación a dar a conocer mi trabajo, a presentarme, a preparar proyectos… Una experiencia que me hace crecer como profesional, como persona y como artista.

 

Detrás de la creación artística hay un trabajo de reflexión intenso (al menos en mi caso), en esa obra de arte quedan plasmadas horas de investigación, de dudas, de resolución de problemas conceptuales y técnicos, un desarrollo intelectual que finalmente se presenta ante el espectador para EMOCIONAR, y su emoción es la mía.

Dedicarme a mi vocación es seguir comunicando a pesar de todos los obstáculos. Arte universal, es la esencia que encontraremos en esa obra que nos conmueva. El ARTE es lo que permanece, transformándose en cada época, en cada artista, en cada disciplina, dando testimonio de aquello que necesitamos comunicar de mil maneras: sentimientos, emociones, vivencias, miedos, sueños, realidades, experiencias, anhelos… En definitiva, sentir a través de él lo que somos. Ahí está su sentido.

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