Ateneo. Otra exposición inolvidable.

Hace unas semanas que terminó la exposición en el Ateneo de Madrid y aún estoy asimilando todas las emociones vividas en esos días: reencuentros, abrazos, charlas con los visitantes, nuevos amigos, otro libro de firmas lleno de energía hasta la última hoja, regalos imprevistos… EMOCIÓN.

Podría resumir todo en esta palabra: emoción ante lo que cada día me tenía preparado, ante la mirada del espectador anónimo, emoción al comunicarme con los turistas que querían hablar conmigo, de esos ojos húmedos que dicen tanto… Pero en esta ocasión hubo un momento que destacó sobre todos los demás y, al mismo tiempo, los resumió a todos ellos. Merece la pena que lo cuente con detalle.

Tres días antes de terminar la exposición, diez minutos ante de cerrar a mediodía, entró una pareja de jóvenes de Nueva York a ver mis obras y yo les dije que no tuviera nada prisa y les agradecí la visita. Hablaban español lo suficiente como para poder comunicarnos sin problema. Cerré la puerta y charlamos un poco, les dejé que disfrutaran tranquilamente, me ofrecí para responderles a lo que quisieran saber y me quedé en mi mesa escuchando la música que me acompañaba cada día.

Al cabo de un rato me llamaron y Emily me pidió permiso para bailar entre mis esculturas porque necesitaba expresar lo que sentía. Ella, bailarina profesional dio vida a mis obras de bronce y el ARTE creó un vínculo entre nosotras que nos unirá siempre. Compartí el vídeo en LinkedIn y en Instagram, donde podréis verlo en las historias destacadas del Ateneo. (Haz «click» en la foto y lo verás en LinkedIn)

Haciendo «CLICK» en la foto se abrirá en enlace en LikedIN y verás el vídeo.

La sala del Ateneo de Madrid en tres alturas me ha permitido llevar unas cien obras y aún así resultó una exposición muy agradable de ver. Charlé constantemente con los visitantes, que me preguntaban y comentaban emociones y detalles expresivos y técnicos. He disfrutado mucho.

Gracias a la tecnología improvisamos diferentes espacios para poder tener un recuerdo de la visita, luego dedicaba la foto y la compartía, era divertido y el momento era muy especial.

Se terminó mi libro de firmas hasta el último rincón de la última página. Mensajes emotivos, llenos de ánimo para seguir creando, de sorpresa ante la visita imprevista, de abrazos de quienes vinieron a propósito… En fin, un libro de firmas del que sacaré la energía que necesite en los días donde se asome el desánimo para combatirlo con mi mejor sonrisa. Aquí una muestra.

Aunque exponga muchas veces, acda una es una nueva experiencia que aguardo nerviosa. Poder atenderlas personalmente hace que viva momentos únicos, que conozca personas que se quedarán en mi vida y yo en la suya, otras se llevarán una obra para que esté en su hogar, luego me mandan fotos de donde la han colocado y me siento acogida en otra casa.

Comparto aquí más fotos de esta exposición que me ha dado tanto.

¡Gracias!

La entreplanta. Un espacio lleno de movimiento.
El semisótano. Donde se recogían los trabajos más recientes y el gran cuadro en proceso.
Sonrisas y momentos para recordar.
Mis alumnos de cinco años en su visita. ¿Qué más se puede añadir?

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